La onomatopeya del reloj

La violencia del reloj se hace insufrible. Sus golpes constantes, desmesurados, imponen los segundos como algo inevitable, nos hacen avanzar sin que tengamos el deseo ni la necesidad de hacerlo.

Esclavos del ‘tic’, los que nunca llegan tarde, o del ‘tac’, los que siempre tienen prisa por irse antes de que se les agote el tiempo.

El tiempo, algo cíclico, constante, infinito. ¿Agotarse?

Reflexión: Si el tiempo sólo sirve para subdividir la eternidad en fragmentos acotables, pero éstos se suceden continuamente, entonces… ¿Hemos inventado, y nos regimos, por un absurdo?

#Segundo Moralejas#

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