Sigo tropezando

Sigo tropezando con las raíces de este bosque en el que me perdí por soñarte. Y sin embargo, aún te recuerdo como un césped mullido, de un verde casi insolente.

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De amores y desamores

-¿Has estado alguna vez en un trigal?
-No, creo que no.
-¿Y si te pregunto si has estado en un campo de amapolas?
-Sí, eso sí.

El dorado homogéneo trigo, por idílico que parezca, no puede soportar la belleza salvaje de la amapola. Ella no pregunta, hace del campo su morada.

No le pidáis explicaciones más que a la lluvia infiel.

A los que leen en silencio

Sé que estás ahí. No pretendo asustarte, esto no es una mala película americana. Sé que me lees, que me sigues leyendo. Y de algún modo yo también lo hago.

Me gustaría saber qué te impide hablar, qué ha hecho que no te atrevas a dejar tu marca, como lo hacen los enamorados sobre la corteza de los árboles.

A todos aquellos que me leen en silencio,
sin cuyos comentarios hubiese abandonado el blog hace tiempo:
Os echo de menos

Mírate bien

Mírate bien, la silueta se rellena en el espejo. Los grises toman forma. La luz se apodera de tu mirada. Como cuando amanece sobre las montañas y el frío azul le cede el paisaje al verde. Como cuando se desdibuja la noche de las copas de los árboles, dando motivos para trinar a los pájaros olvidados.

Sales a la calle con la sonrisa renovada. Anoche no dormías sola, sobre la almohada estaban todos esos juegos cómplices que trazamos por turnos. Tus pasos se han vuelto más seguros hoy. Hasta te parece que el chico de la frutería te estaba mirando de reojo. Y, sin darte cuenta, la cintura vuelve a esculpir tu sensual andar.

Volverá la noche, mas no la oscuridad, ya no la dejarás entrar.