Construyendo deseos

En el restaurante, frente a ti, tú miras la decoración. Aprovecho para mirar la cascada de luz sobre tu cabello. Mientras convierto el pelo en seda y la luz en piel, me sacas de mis ensoñaciones con una sonrisa en la boca.

Restaurante

-Minimalista, me gusta.

No sé si me habrás visto mirarte, pero te enciendes un cigarro como si no te importase. El tiempo transcurre apacible, como aquellos sueños en los que los pies son viento que fluye sobre el agua. Te distraes mirando las mesas cercanas, ninguna parece tener tan buena historia…

-¿Han decidido qué desean cenar?

Te has dejado las gafas en casa y he tenido que pedir por ti. Me pone algo nervioso tener la responsabilidad de escoger lo que comerás, pues apenas nos conocemos, pero intento esconder esa vergüenza explicándote cómo conocí ese local. Tus ojos siguen la conversación atentamente, pero tu sonrisa me dice que me ves algo tenso e intentas tranquilizarme. Y lo consigues.

-Disculpen. «Gyuniku no tataki» y «agedashi dofu». Buen provecho.

Mientras descubres los aromas que escapan danzando del plato, vuelvo a tu cabello. Me hechiza. Siempre me ha impresionado la habilidad de los colores oscuros para brillar en ciertas circunstancias, pero tu cabello es simplemente magia. Cae liso, como un pedazo de cielo de luna nueva por el que navegasen las estrellas.

Empezamos a cenar y, tras unos instantes, retomamos la conversación. Mis ojos vuelven a posarse sobre los tuyos, tu mirada me tranquiliza. De algún modo me están diciendo que estás a gusto, no hay rastro de nerviosismo o temor, tal vez sí de curiosidad.

Entre bromas y conversaciones inconexas, terminamos el primer plato. Te enciendes otro cigarrillo, esta vez te acompaño. Tu sonrisa tiene tanto de esos sueños que tras despertar se quedan como fantasía, como cuento de hadas, ya de por vida…

-«Sushi», nueve variedades, para compartir.

La imaginación despliega sus oníricas alas. No era nada planeado, pero hay una sucesión de imágenes que cabalgan desbocadas por mi mente. Veo los palillos de madera chocando entre sí para robar el uno al otro un pedacito de comida. Los veo forcejear, juguetear olvidándose de la comida, que nunca fue el motivo. Los dedos se rozan sin intención y sin excusa. Y vuelven a hacerlo, cargados de intención y sin culpa. Las manos se acarician. Te levantas, a medio camino del pasillo que va hacia el baño, te das media vuelta y me lanzas una mirada que no requiere explicaciones…

Me preguntas cómo cogerlo. Las imágenes desaparecen. Lo malo de los sueños y las fantasías es que, al despertar, se desvanecen sin dejar que te aferres a la estela de humo que dejan tras de sí. Lo bueno, es que también se pueden construir con el deseo.

-Coge los palillos así. Ahora pon un palillo a cada lado del arroz. Ya lo tienes, ¿y si te lo quito?

Y los palillos entrechocan. Y los dedos se rozan. Y las manos se acarician…

para seda-azul, mi deseo

10 comentarios en “Construyendo deseos

  1. Nos ha costado tenerte de nuevo por aquí, pero tus palabras superan cualquier expectativa. Es un texto precioso, cargado de ternura y sensualidad. Es imposible, al leerte, no sentir cierta envidia de las situaciones y vivencias que relatas.

    Necesitamos tenerte por aquí a menudo. No nos dejes si el placer de tus textos.

    Besos rendidos…

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  2. Morgana:

    Gracias por tus palabras, son halagos que no merezco, querida brujita.

    La verdad es que sí, ha sido un largo silencio. Hay veces que la vida te aleja de lo que te gusta, o te supera el pasado y te bloquea el presente…

    Os echaba de menos, intentaré que no vuelva a suceder ;)

    Besos de seda

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  3. Precioso juego de seducción… momentos sublimes previos a esa típica imagen del tren entrando en el túnel…
    Me ha gustado el contenido, pero imaginarme el después aún atrea más!
    Un abrazo, Linmer.
    Salud/OS!

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  4. el_Vania:

    Gracias, por la visita y por el cumplido… La verdad es que me ha costado mucho escribirlo, pero más que por la temática, porque estaba bloqueado…

    Y gracias por seguirme después de tanto tiempo en silencio, ha sido una grata sorpresa :)

    Un abrazo, Vania.

    P.S.: Un día tenemos que tener una conversación geeky-friki… (Jabber: linmer@gmail.com)

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  5. Impresionante, pagaría por tener esos sueños, pero en la realidad, aunque… los sueños no suelen acabar en tragedia y si lo hacen sientes alivio al despertar.
    quiero gatos que me perturben los sueños (esta frase tuya me encantó, aunque no era del todo así, :P)

    Besos campeón

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  6. Puedo jurar y, de hecho, juro, que comenté este post anoche. Vine a decirte que te había echado un lazo en mi peich y, de paso, comenté.
    Por eso me desconcierta repetirlo porque el de ayer era largo y bien trabadito y precioso y sensible e ingenioso… (es lo que decimos todas, verdad?)
    Bravo por el relato, linmer, bravo de verdad.
    Yo jamás he probado la comida japonesa, pero es que nunca he sentido curiosidad. Es como patinar o esquiar, no me apetece nada ni siquiera intentarlo.
    No obstante, en honor a este relato, si alguna vez me la ponen a tiro, la probaré, a ver si puedo seducir a una mujercita con el estilo que lo hace tu prota.

    Un abrazo y felicidades, linmer.

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  7. Reif:

    De lo que tú fumes, yo quiero dos. :P

    No sé pq me suena esto a experiencia personal, pero tuya más q mía.. no sé…

    Claro que los sueños no acaban en tragedia, sino no serían sueños. No desearíamos soñarlos, no tendríamos los ojos cerrados confiando en que no nos pueden hacer daño… Ahora que me doy cuenta, los sueños son como los besos.

    Por cierto, te recomiendo una pareja con menos uñas para revolverte los sueños ;)

    Un abrazote compi

    Wolffo:

    Vaya… siento que tu comentario elaborado se perdiera entre las farolas que dan vida a calles y a borrachos (puff, es como si ya me hubiese fumado lo de Reif). Pero no te preocupes, todos tus comentarios serán bien recibidos y, además, los sencillos suelen ser más sinceros, más directos.

    En fin, que gracias por el cumplido, la comida japonesa si no te atreves tú mismo, pero en lo del ligoteo estoy convencido que tienes tu más práctica que el pobre protagonista… En realidad, él sólo estaba nervioso. Lo bueno de la magia es que sucede sin explicación aparente. Y es mejor que sea así.

    Un abrazo, amigo

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  8. Te iba visitando y conociendo con tranquilidad tus pasos. Dejé de hacerlo porque anduve dando vueltas por los recodos de mis senderos. Hoy, pausada vuelvo. Había ojeado en otro momento pero de pasada. He podido leerte y me he regocijado. Ayer empecé a poder seguir los meandros de otros. Era tal la introyección en que me encontraba que era incapaz de mirar fuera de mi.
    Me ha encantado. No puedo esperar menos de ti, porque me maravilla y me seduce lo que escribes y como lo haces.
    Un beso

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  9. Hacia mucho tiempo que no te visitaba. He de decirte que estoy IMPRESIONADA no recuerdo nada tuyo con tanto sentimiento y belleza. Me encanta. Creo que me voy a pasar a la cocina japonesa. Un besazo.

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  10. Anna:
    Gracias por el regreso, siempre es agradable tener de vuelta a los lectores visibles. Y gracias también por tus palabras, siempre es agradable ver reconocido el «esfuerzo» :) Aunque, en este caso, las palabras fluían solas…

    Besos.

    midori:
    Ya hace tiempo que tanteas la cocina japonesa, puedes atreverte sin miedo. ;)
    Gracias por tus palabras, siempre es alentador escuchar tales elogios aún sabiendo no merecerlos.

    Besos.

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