Mentes abstractas

 

“Eres muy simpático con gripe” me dijeron ayer de forma irónica. Hoy he comprobado que es cierto, que el malestar general me tiene más irritable de lo habitual. Que me cuesta poner buena cara a los clásicos “yo-esto-no-sé-hacerlo” y a los “tenemos-que-hacer-esto-pero-yo-no-voy-a-ser-y-a-ti-no-te-voy-a-dejar”.

 

Nada extraño, por otra parte. Parece bastante lógico que si no te encuentras bien no tengas ganas de poner buena cara a cosas que de entrada nunca estuvieron bien. ¿Verdad? Porque no hay que darle demasiadas vueltas a la cabeza para encontrar en el mundo laboral muchísimas situaciones que no son ni justas ni coherentes.

 

Así que más que permitir que la lengua flagele a los indignos por pura frustración, lo que hago es preguntarme qué es lo que hace que estas personas no sean más que mentes abstractas. Desde el punto de vista de la falta de concreción: no concretan sus ideas, no ejecutan sus planes…

 

Si fueran arte serían forma, o color. Siendo estructuras vacías no pueden ni representar.

 

 

 

¿A dónde van las marcas de frenado?

Hace días que me fijo en las marcas de frenado de la carretera. Muchas indican claramente como el vehículo impactó contra la valla o muro de protección y rebotó hacia el lado contrario. Otras sólo van hacia afuera, sin rebote.

 

Y no puedo dejar de pensar en el punto en el que dejan de marcar.

¿Se detuvo?

¿Dejó de patinar la rueda?

¿O es que llega un momento en el que dejas de frenar?

 

Y es esta última pregunta la que te lleva a todo un mundo de nuevas preguntas. ¿Voluntario, inconsciente, inconsciencia, …?

 

Quizá el punto en el que los frenazos dejan de marcar, las huellas dejan de existir, las personas dejan de ser.

 

Quizá en esto último esté equivocado: cuando los frenazos de la vida te dejan de marcar, tus huellas empiezan a existir y tú, a ser.