Diario de un desconocido (II)

21 de Marzo

Soy consciente de estar escribiendo sólo por acortar las horas. Me resulta extraño, no estoy tan nervioso como esperaba. Es más, se diría que no estoy nervioso.

Miro por la ventana, el paisaje se va dibujando entre los postes de la luz, que lo cortan en pedacitos, viñetas de un campo verde.  Voy a conocerte al fin, y se diría que ni siquiera estoy expectante.

Contigo, desde el principio, todo ha sido un juego de luces y sombras. Sombras que me ibas arrancando con las luces de tu sonrisa, de tu mirada… aunque no pudiera ver tus labios, ni tus ojos… Espero que no pienses que estoy loco por hablarte a través de un diario, es que ya hace tiempo que decidí regalártelo, por eso sé que lo leerás, tarde o temprano, aunque no se produzca el encuentro.

La conversación intrascendente de una pareja de ancianos me distrae. ¿En eso nos convertiremos? Me debato entre pensar que cuando dos personas se conocen tan profundamente, durante tantos años, las palabras se pueden derramar vanamente; o pensar que nunca tuvieron nada interesante que decirse. Ese pensamiento es tan triste, como absurdo el afán que tenemos en dar un valor especial a cada instante, a cada palabra.

Te preguntarás por qué decía antes que lo leerías aunque no se produjese el encuentro. Puedo no estar nervioso, pero sé que algo así suscita dudas. Voy a tu encuentro, tú deberías estar yendo a mi espera. Dentro de escasos minutos nos encontraremos por primera vez. O eso espero.

¿Bailas?

Bailarina

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– ¿Bailas?

– Me encantaría, pero estoy anclada al suelo. No puedo hacer más que ver a la gente pasar.

– Vaya… Yo que puedo moverme, no hago más que dejar atrás a gente que sólo desea echar raíces.

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P.S.: La fotografía es Perpsícore, la musa de la danza, de Salvador Dalí (Euskalduna – Palacio de Congresos y de la Música, Bilbao).