Manolo y Manuel (IV)

Volando

-Viajes Condor, ¿dígame?

-Buenos días, soy Cynthia Vergara. Llamé ayer por un vuelo a Jordania para la semana próxima.

-Buenos días Srta. Vergara. Ya recuerdo, ¿era sólo de ida, verdad?

-Así es.

-Bien, pues tenemos una plaza disponible para el vuelo del martes, está en pasillo, en la zona de las alas.

-Esa misma servirá. ¿Puedo pasar esta tarde a recoger el billete? ¿Aceptan tarjeta, verdad?

-Por supuesto, y sí que aceptamos tarjetas, pero sólo de crédito. Le recuerdo que cerramos a las 20h, pero si lo prefiere se lo podemos enviar por mensajero.

-No, no será necesario, gracias. Hasta la tarde.

-Gracias a Vd., Srta. Vergara. Adiós y buenos días.

Anuncios

Carta

Querida Marta,

han pasado dos años, tal vez tres, y sigo sin saber de ti. Al principio me molestó que tus últimas palabras fueran “te llamo luego y quedamos mañana”. Pero no era la primera vez que lo hacías, lo de incumplir una cita, lo de desaparecer sin dejar rastro.

Esta vez incluso llegué a preocuparme, no tengo forma de contactar contigo y si te hubiese pasado algo nunca podría saberlo. Es una sensación compleja: una cosa es añorar a alguien que no está, pero eso de no saber si lo has perdido, no sabes si guardar como un tesoro los recuerdos o acumulando rencor por la indeseada ausencia.

Pero el tiempo no son sólo anocheceres perdidos, la piel que envuelve los sueños también se va curtiendo, al final nos acostumbramos a hacer balances hasta de las emociones. Por eso te escribo, Marta, porque las malas experiencias también son emociones al fin y al cabo, porque la rutina ya se encarga de poner la monotonía que nos hace creer estables.

Así, un día como hoy me levanté pensando que me faltabas tú, aunque pueda parecer extraño. Y que necesitaba decírtelo, aunque sea absurdo porque no sé cómo localizarte. Me enseñaste a realizar los deseos, más allá de la razón o la conveniencia, por mucho que yo me revelase a esa idea.

Jaque-mate, has ganado. Como siempre. Sólo que, esta vez, ni siquiera estás para saberlo. Esta vez, perder ni siquiera tiene sentido.