Claroscuro (*)

Mis sentidos, inertes, contemplarán de nuevo atónitos tu metódica puesta en escena, aterciopelada como aquella canción que expropié a Calamaro para hacerla nuestra.

El silencio se cansará de la soledad compartida de nuestro juego de niños adultos y saldrá por la ventanilla para fundirse con otra de tantas noches tragicómicas, mientras tu sonrisa nerviosa, perenne pleonasmo, me sugiere tiritar por enésima vez desde aquel café hace nueve intermitentes años. Y volveremos a nacer bajo las lunas de metal.

¿Cómo trazar una línea cuando desconoces el punto de destino y, aún peor, el de origen?

R…

(*) Post invitado, gracias R… por compartir con nosotros tus letras. Esta es tu casa siempre que quieras.

Foto de castarco (http://www.flickr.com/photos/14716162@N08/1498702661/)

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La música acompaña (*) por Nightingale

La música acompaña y aprovecho para meditar. Disfruto de una felicidad ajena que luce en vuestros rostros. Siento lejos el calor humano, aunque la temperatura es agradable. El aroma de este te verde con flores me ha transportado a un momento romántico y echo en falta esos pies fríos que me acarician algunas noches en el sofá de casa. El local se va llenando y los murmullos aumentan. Cada vez oigo menos la melodía y… la magia se rompe…

(*) Texto invitado, escrito por Nightingale. Es un placer contar con tus letras en este espacio.

Las sombras siempre están ahí*

Las sombras siempre están ahí. Ha habido momentos en que las he tenido cerca, muy cerca… Otras en que las contemplaba en la distancia, sin ser vista. Ahora vuelven a estar a una distancia cómoda. Supongo que la que tiene que ser.
En cualquier caso, me gusta tenerlas ahí.
Será algo intrinseco en las brujas, nos gusta rodearnos de ellas… aunque ya quedé poco de magia en mí.

Morgana

(*) Post invitado, escrito por la encantadora Morgana.

Diario de un desconocido (VIII)*

No sé cuántas semanas han transcurrido desde nuestro encuentro hasta ahora, quizás dos o tres, pero para mí son toda una eternidad. No imaginas las veces que he leído este diario que escribiste por y para mí, pero me aventuraría a relatarte a tu oído una a una las palabras que ahí has escrito. Ahora seguimos hablando en la distancia, como antes de vernos, pero ni por un asomo se puede comparar a lo que viví contigo cuando viniste a verme, cuando diste ese importante paso de hacer cientos de kilómetros únicamente por mí. Sé que te parecí fría en un principio, pero es mi aspecto duro y seco el que te confundió. Por dentro era otra cosa: era un volcán en erupción escupiendo ardiente lava. Ardía por dentro cuando me diste esos primeros dos besos, ardía por dentro cuando me mirabas con esos ojos de fuego por encima de las gafas y volví a arder como una fina cerrilla al contacto con la llama cuando me besaste, cuando tus labios rozaron los míos, cuando tus manos se deslizaron por mi cara sujetándola tiernamente pero con firmeza. Deseaba que lo hicieras, no sabes cuánto lo deseaba, pero por suerte no me hiciste esperar mucho, tú también anhelabas ese momento.


De la noche que pasamos, yo tampoco hablaré. Te demostré con mi cuerpo todo aquello que no te puedo hacer sentir con mis palabras, y en el recuerdo de ambos quedará. No quiero enturbiar con mis torpes frases aquel momento de amor loco que tuvimos… Y que tendremos. No puedo estar sin ti. Ahora serás tú el que lea estas mismas frases en tu propio diario, porque es ahí donde te estoy contestando a todo lo que tú me dejaste escrito a mí anteriormente, y yo misma te lo daré en mano, como me lo diste tú a mí. Te escribo esto mientras viajo en el mismo tren que tu viajaste para conocerme hace semanas. No te lo esperas, lo sé, pero una vez en la estación te llamaré y te diré que estoy a pocos metros de ti, que vengas a buscarme, a besarme y a abrazarme, porque sin ti no puedo estar. Te lo debo a ti y nos lo debemos a ambos. Ya está bien de pasar tontas soledades que no llevan a nada. Ya está bien de amarnos en la distancia. Aunque tenga que dejar todo en mi tierra, quiero estar contigo, durante todo el tiempo que la vida nos brinde. Te espero y te quiero.

 

*Este es un relato invitado, escrito por India, a la que agradezco enormenente que haya querido regalarnos un nuevo capítulo del Diario de un desconocido.

Diario de un desconocido (IV)

Este capitulo sitúa la historia del otro lado, mismo narrador, pensamientos de ella.

El tráfico era anormalmente fluído para la tarde de un viernes, había llegado media hora antes a la estación, así que decidió acortar la espera en la cafetería de la propia estación.

-¿Será tan encantador también en persona? Odio a los hombres poco resueltos, que se guardan la gallardía para aquellas cosas que conocen bien y no son capaces de tomar las riendas ante los imprevistos. Por otra parte, si es capaz de venir hasta aquí, algo querrá decir ¿no?

-¿Le hago esperar un poco? Que asco de camarero, desde que me he dado la vuelta no deja de mirarme el escote a través del espejo, si tú me ves el escote yo te veo como babeas, idiota, al menos podrías disimular un poco.

-Se acerca la hora, ¿si no estoy a gusto cómo le digo que me tengo que ir? El pobre lleva varias horas de viaje sólo por conocerme, no puedo simplemente decir que tengo otro compromiso…

El tren llega a paso lento, con esa extraña ceremonia de las cosas inexorables. Él la reconoce primero, se acerca con paso seguro. Ella se queda en el sitio, observándolo. No dejan de mirarse el uno al otro, como si los ojos de ambos fueran los extremos de un sendero imaginario. Cuando está a solo un metro de ella, deja la maleta en el suelo y le dedica una sonrisa, posiblemente el saludo más encantador que puede esperarse de un desconocido.

-¿Tendré que tomar yo la iniciativa…?

Él acompaña la sonrisa con un aterciopelado “Por fin nos conocemos” y se acerca para darle dos besos antes de que ella pueda contestar. Luego le pregunta si lleva mucho esperándole.

-Se ha decidido, y además su colonia invita a morderle el cuello… Toda la vida, llevo esperandote toda la vida.

Y sin embargo responde que no, que apenas lleva unos minutos. Se da media vuelta y comienza a caminar, él se pone a su lado y le pregunta a dónde van,  como si eso importase…

Cuento de San Valentín

Lo he titulado cuento de San Valentín ahora, a decir verdad, por rellenar. Pero el siguiente texto es de mediados de 2004. Sin más preámbulos, os dejo con él:

Máquina de escribir antigua

Un gris retazo de cielo es aún más triste a través del frío cristal de una habitación a oscuras. Una canción puede desgastar más allá de los oídos.

Así pasaba las horas Moisés, dejando que los recuerdos lo devorasen, convirtiendo en despojo su ya maltrecha razón. Los días, monótonos. La vida, vacía. Y la existencia, absurda. Ese era su sentir al ver, sentado en la cama con la pared como respaldo, las nubes pasar frente a su ventana.

Mientras Moisés parecía luna nueva, Lidia era Sol de mediodía. Tal era su diferencia. Cómo no va a ser optimista quien irradia la vida. Quién encerraría, en un presidio como el de Moisés, tanta ternura como Lidia emana.

Ambos eran incapaces de pensar que sus caminos podrían cambiar repentinamente. Y mucho menos entrecruzarse. Pero el azar no rinde cuentas a nadie. Nada sabían el uno del otro, pero fue ese misterio ante lo desconocido lo que hizo mágico el encuentro.

No se conocen todos los colores del arco iris hasta ver sus miradas enlazarse a través del éter. No se descubre la auténtica luz hasta asomarse al interior de sus ojos. Nadie siente el temor con tanto deseo como sus labios.

Moisés sueña despierto, o así lo cree. Sueña con una tibia brisa susurrando, mientras el áureo astro acaricia su piel. Es el rostro de Lidia quien dibuja su sueño, fiel reflejo de un dulce amanecer.

Las grises nubes pasaron a ser, a medida que las conversaciones entre ellos se sucedían, blancos pedazos de esperanza. Pared y ventanas desaparecieron del mundo que él veía. Las fuerzas que antaño lo anclaran se convertían en alas que lo llevarían en pos de la sublime expresión. Cada mañana despertaría descubriéndose feliz en cada espejo, escuchándose cantar bajo los árboles, suspirando ante el recuerdo de sus labios.

Y llegó el día. Tumbados, buscando en el cielo lo que anhelaban el uno del otro. Intentando escucharse los pensamientos. Sintiendo el poder de la gravedad entre sus bocas. Resucitando sus aletargadas lenguas con cálido contacto. Redefiniendo el placer de la humedad ajena. Forjando los segundos con los pétalos de su historia.

Tras la breve inmortalidad, abrieron los ojos y comenzaron a labrarse el camino que los llevase al primigenio paraíso que ese día crearon.

Dedicado a la ladrona que me robó y escondió mi amor(*)

Unos cuantos veranos ya pasaron desde que te besé por última vez. Muchas noches fueron necesarias para poderte olvidar, perderte en el más recóndito rincón de mi memoria.

Difícil fue superar todo esto, pero me doy cuenta que el principal problema no ha sido la herida que costó cicatrizar ni ahogar los recuerdos en los güisquis de los antros más mugrientos. Ahora me doy cuenta que contigo perdí el poder volver a enamorarme, me lo robaste y en algún lugar yace, inalcanzable para cualquiera e irrecuperable por mí.

No te guardo rencor porque ya te olvidé, aún así no puedo evitar pensar que si no hubiera besado tus labios tendría en mis manos el poder volver a enamorar.

*Aclaración: para los que no me conocen, es un hecho del pasado ya superado pero que de alguna forma me ha cambiado tanto que he dejado de creer en poder enamorarme, muchas chicas han pasado cerca de mía pero inconscientemente hacia otro lado he mirado. Incapaz de sentir, tal vez sea un castigo merecido.

(*) Nuevamente es un amigo anónimo el que escribe, a partir de ahora todos los textos escritos por otros autores serán incluídos en la categoría “invitado”.