Perspectiva

Llevo tiempo queriendo escribir un post, o dos, sobre lo que te aporta la perspectiva. Hay tantas cosas que agradecer, tantas reflexiones asentadas pero pendientes de emerger…

 

Así, por ejemplo, me quedó en el tintero un post de alabanza, de agradecimiento, que decía lo siguiente:

Así que sólo puedo decir que me parece valiente lo que haces, me pareces valiente tu. Me parece valiente la familia que me acepta y que acepta este rapto consentido. Huimos hacia lo desconocido, pero también hacia la felicidad.

Ese era el nudo, el final estaba sin escribir y el inicio no era más que un montón de piezas de relleno. Sin embargo, lo que importa, lo que debía decirse, acaba por salir. “Me pareces valiente”. Me lo sigues pareciendo en esa lucha contra la cotidianidad que parece no terminar jamás. A veces los sueños que no se tienen aparecen bajo el papel de regalo.

 

La perspectiva de conocer otros mundos, de haber recorrido otros caminos, de haber conseguido lo que buscabas esta vez. Lo mismo que buscabas las anteriores. Esta vez hubo valentía, hubo salto a lo desconocido. Muchas playas se parecen, en todas se escucha el mar y el sol tuesta la piel. Pero no siempre se calienta el corazón, a veces solo te llevas las quemaduras.

 

Perspectiva, al tiempo, de reconocer el valor de las quemaduras. De reconocer responsabilidades, de volver la vista sin juzgar. Como arena que arrastra el viento. Perspectivas que acumula el tiempo.

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Sin pretenderlo y por casualidad

Hoy vengo a contar una historia que la mayoría ya sabe. Sólo por el placer de contarla:
 

Todo empezó como dicen que empiezan las grandes cosas, sin pretenderlo y por casualidad. Hacía tiempo que me apetecía ir a Istanbul y por avatares de la vida solo conseguí llegar al vestíbulo del aeropuerto esperando que se resolviese el conflicto con los controladores. No pudo ser, pero al cabo de un tiempo…

Otra oportunidad. “¿Hacemos algo estas vacaciones? ¿Estoy mirando Tokyo, te apuntas?”. Casualidad, como decía. Resultó que las ofertas eran engañosas y no estaba tan al alcance como parecía. “¿Y qué te parecería Istanbul?”. “Bien, pero que se apunta una amiga”. Sin pretenderlo. Y allí dónde iba una amiga, al final es otra. Por casualidad.

Hablar contigo -me permitiréis que me dirija directamente a ella-, por chat y sin conocerte de nada, fue una experiencia inusual. Conexión es quizá la mejor palabra que se me ocurre. Sentía que entendía lo que esperabas del viaje, lo que te apetecía hacer. Progresivamente, decir poco a poco sería mentir, salieron flecos personales que se entremezclaban con todo el asunto del viaje.

Empezó a darme más ganas conocerte que ver la ciudad en sí. Ahora quizá suene fácil decirlo, pero en aquel momento empezaba a ser sorprendente. Y empecé a pretenderlo. Esa conexión no era como para dejarla pasar. Nunca he creído en el destino pero uno debe aprovechar esos instantes donde surge la magia, la belleza a veces aparece en un rincón olvidado.

“¿Qué te parece si nos conocemos antes del viaje?”. No sé exactamente como pasé de pretenderlo a conseguirlo, quizá el arrojo también aparece en los rincones olvidados. Y así fue por mi lado del mantel, el resto lo conoces bien.  Casualidad. Pretenderlo… a eso puede que le diéramos la vuelta por el camino. Es como esas bolas de paisajes nevados: las agitas para que empiece a nevar y posiblemente no te sorprenda que lo haga, pero no dejas de admirar la escena.

Nuestro paisaje, el que nos ha traído hasta aquí, puede ser sorprendente. Lo que de verdad impresiona es la belleza del paisaje.

 A Ro

PD: Casualmente, en el preciso instante en que se ha publicado esta anotación hace un mes que emprendimos ese otro viaje, el que de verdad ilusiona. Quizá algunas cosas sí las pretendiera ;)

 

Aquest cop l’harmònica…

Aquest cop és l’harmònica
qui arrenca els gemecs a la boca
i no pas a l’inrevés.

Són sons de record,
són llàgrimes d’enyorança,
són plors d’infant perdut.

Instrument amarg que treus l’aire de l’ànima
no matis l’oblit buidant-li les venes,
perquè quan no hi és ell no hi ha res,
perquè l’oblit implica l’existència.

Mentre tu toques les estrelles minven,
el mar s’enfosqueix.
Mentre tu toques,
retorna el neguit de saber que ell no tornarà.

No són tons d’òpera.
Són els crits d’esglai per el malson que començà quan va marxar.
Són els crits d’esglai d’una lluna que el troba a faltar.

Escribí este texto en abril del año 2002, creía haberlo publicado ya. Si lo hago ahora es porque justo hoy hace diez años que la armónica dejó de sonar. Queda todo tan lejano, que ni siquiera recuerdo bien cómo sucedían esos cambios de idioma en una misma frase. Ni siquiera recuerdo bien cuál era su voz. Y sin embargo, sigue tan viva su ausencia.

Hace diez años que la armónica dejó de sonar y desde entonces reposa en un cajón, bajo mi cama. A veces la saco de su estuche, la miro y pienso en tocarla, en que vuelva a sonar. Pero es que hace diez años que dejó de sonar y ni siquiera recuerdo su voz…

De invierno a primavera (II)

Primavera. Queda lejos el invierno. Tanto que hasta que no lo pienso no vuelven los recuerdos de días afilados y sábanas de cartón.

Salgo a la calle. El sol regando los campos que resplandecen de un verde brillante mecidos por la brisa. Al compás, la piel siente el baile del viento. Un baile que avanza y retrocede, que gira y se sostiene. La sonrisa se ensancha. A mis ojos, la belleza lo impregna todo. Puede que sea un estado mental, pero es como ese tono saturado de las fotografías de las revistas de glamour, tiene ese algo irreal que magnetiza.

No importa demasiado lo que hagas hoy mientras no te impida llegar a mañana.

La jornada vuela, soñando el mañana quizá, disfrutando el presente. Claro que importa lo que hagas hoy. Claro que importa que sonrías. Pero es que ya no te cuesta nada. El sol lo ha inundado todo. La luz ha teñido de tonos rojizos la piel, los arboles, el camino…

Regreso a casa, pienso en ello. ¿Ser conscientes de la propia felicidad es lo que nos hace humanos? Puede que no, pero es lo que nos hace felices.

Feliz, soy feliz.

¿Cuánto hace que no puedo decir eso? ¿Lo había visto tan claro nunca? Es ser consciente lo que lo hace magnífico. Poder saborearlo. Es como cuando estás a dieta y haces una excepción: ese helado que hace tanto que no probabas y que no sabes cuando volverá. Eso lo hace aún mejor.

Tropiezo con una piedra. Casi me caigo, ha dolido un poco el golpe… Vuelvo a reflexionar.

¿Ser feliz te hace más reflexivo? ¿Ser feliz es no sentir los golpes?

Claro que no, por mucho que digan, ser feliz no es volverse idiota. Es que no te importe que te lo llamen.  Es que sepas que el golpe pasa y la sonrisa permanece. Es pensar, o sentir, o reflexionar, sin que haya una clara barrera entre ellas…

Llego a casa. ¿Estarás? Porque todo esto es por ti. Hablo contigo, sonrío. Por dentro y por fuera.

Cuando estoy contigo me cogen agujetas de sonreír.

Por dentro y por fuera. Hacía tanto que no lo hacía… Sobre todo, por dentro.

Es como si tuviese un gran foco delante de mí. Me alumbra el camino.

El camino, hacia ti. Porque todo esto es por ti.

Ceno.

Me acuesto.

Sonrío.

Me duermo.

Sueño.

Camino soñando, sonrío dormido. Porque todo esto, es por ti.

Una “X” roja

Una “X” roja en un cuaderno usado. Un banco mitad al sol, mitad en sombras. “¿En que se parece un cuervo a un escritorio?”

“Soledad norte más soledad sur”. Dos baldosas que encajan y, sin saberlo, forman parte del camino de un parque. Estatuas sin sentido pero llenas de significado. Pájaros que en lugar de trinar amartillean las horas de un reloj ya de por sí confuso.

El banco que se decide por el sol, las sombras que se van. O se iban, al fin y al cabo “bajo un ciprés sólo se cobija uno”.

Una “X” roja en un cuaderno usado. ¿Pasar página o intentar salvarla? Salvar la página, salvarla a ella.

El viento mece las palmeras que el sol insiste en achicharrar. Otra soledad, misma soledad sur.

Un teléfono que no suena, un miedo que crece.

Un banco al que no le queda más sombra que la propia. ¿Serán las sombras como el agua, que tiende a buscarse hasta el final? ¿Serán los finales como el viento, que no deja de rugir?

Una sombra pensativa, una “X” roja en un cuaderno usado, una página que no sabe si salvarse, un banco que alterna luces y sombras, un viento paciente y una mujer hermosa que no puede dibujarse porque hay una “X” roja en su cuaderno usado.

(*)PD: La magnífica fotografía es de India http://www.flickr.com/photos/creatuvida/3462778549/, muchas gracias por dejarme usarla.

No recuerdo exactamente

Me despierto.

Abro los ojos.

Cierro los ojos.

Intento recuperarte.

No puedo. Abro los ojos.

Es duro, sí, es muy duro tener que levantarse tras pasar la noche soñando contigo.

No recuerdo exactamente. Sólo se que venías a verme. Venías expresamente, no de tan lejos, pero expresamente. Venías sabiendo que perdías el tren, que llegarías tarde a otro lugar. Tus clases de… No recuerdo exactamente.

Por sorpresa. No te esperaba. La sonrisa aún sorprendida y tenías que irte. Sólo habías venido a verme. Y a traerme algo, era la excusa, no recuerdo que… No recuerdo exactamente.

Te ofrecía llevarte. Yo también me iba a perder algo por hacerlo, aunque no recuerdo exactamente. Me decías que no. No quieres que no llegue a ese algo. Pero tú ya lo has hecho.

Esto debe ser recíproco, no equitativo, me dices.

Te maldigo por el jaque. Te ríes.

Te llevo.

No, y te vas.

Y me despierto, abro los ojos, los cierro, te busco, te recuerdo en el sueño, no te alcanzo, ya no estás. Y ya estoy despierto, y no hay nada que pueda hacer para volver a dormirme. Y me maldigo por tener que levantarme. Y me maldigo por no recordar exactamente…

…porque no recuerdo exactamente, cuando empecé a soñarte.

Es difícil de explicar

(a Carmen)

No se puede decir “es desde que te conocí que siento la necesidad de llevar un paraguas, para protegerte de la lluvia si sucede” sin parecer un poeta trasnochado, un psicópata en prácticas, un niño enamorado.

No se puede decir “seré yo quien abone este jardín, para que plantes todos tus sueños” sin parecer un protector desmesurado, un controlador exacerbado, un caballero andante del pasado.

No se puede decir “déjate llevar, el presente es el único de los tiempos que vale la pena vivir intensamente” sin parecer un vendedor ambulante, un cínico redomado, un amante descarriado.

Y no pudiéndolo decir, es difícil de explicar.